jueves, 31 de marzo de 2016

Enigma en la Montaña. Día 01: Pedro


Solsticio de Primavera
Día 01: Pedro
Calles del pueblo

Pedro Casal corría eufórico por las estrechas callejuelas en dirección de la plaza, sus ojos brillaban con deslumbramiento ante la multitud de colores y la desbordante vida en las calles de aquel pequeño pueblo, el pequeño repetía inquieto - Date prisa mamá! - descubría un nuevo mundo en cada paso, llegarían hasta la plaza de la iglesia, cerca de la entrada del pueblo alguien le había indicado a su mamá que encontraría en aquella plaza un restaurante con unos increíbles platos, así continuó el pequeño con sonoras carreras sobre las calles de piedra, absorto en las flores en balcones y ventanas.

Al llegar al restaurante Pedro y Rosario se sentaron en una mesa cerca a la entrada, aquel lugar era un poco oscuro, y el clima estaba bastante fresco comparado con el sol increíble que hacía afuera.
Yo quiero comer sopa - Indicó Pedro a su madre con ojos dulces y suplicantes - 
Por supuesto cariño - replicó Rosario - lo que quiera el hombrecito de mamá
Una vez servido el almuerzo ambos comenzaron a degustar aquella deliciosa sopa, compuesta por garbanzos, verduras varias, pollo y una albóndiga alargada, realmente era un placer al paladar. Su madre le escuchaba con esmero, mientras que el chiquillo hablaba sin parar, su risa alegraba la conversación, o mejor dicho el monologo que el pequeño sostenía con su madre. Aquel era un antiguo edificio de madera, el joven que les atendió les indicó que en el primer piso se funcionaba el restaurante, y en los pisos superiores se encontraban las habitaciones de la posada, si necesitaban una habitación con gusto se las mostraría.


* * *

Esa misma tarde Rosario llevó al pequeño a un parque de aves que se encontraba en los limites del pueblo con el bosque, en el camino fueron adelantados por un hombre con cara muy seria y una barba rala y negra, llevaba unos pantalones marrones y unas pesadas botas negras algo manchadas de barro. 
-Buenas tardes - musitó el extraño al pasar por su lado, entre los dientes y sin abrir completamente la boca- a lo que Pedro respondió con gran entusiasmo - Buenas tardes señor - rápidamente el extraño se alejo tomando un sendero que se perdía entre las montañas, unos instantes después un hombre mayor descendía por este mismo sendero acompañado de un perro y su rebaño de ovejas, El joven pedro se entusiasmo al ver todas aquellas ovejas y corrió a acariciarlas, finalmente y un par de metros más adelante, habían llegado al aviario,  este sitio estaba constituido por unos rudimentarios senderos y un tosco puente de madera que atravesaba un pequeño estanque artificial, algunas plantas y flores decoraban el lugar, mientras que el musgo y la maleza crecía entre las comisuras del empedrado, todo rodeando un par de aviarios que alojaban varias aves endémicas, muchas de ellas bastantes coloridas, su mamá se sentó en un banco para descansar en las sombras, mientras que el pequeño incansable se precipitaba de un lugar a otro viendo las aves, estaba fascinado, en un instante le pareció escuchar el distante ruido de las alas de un ave al emprender vuelo en el bosque, quizá allí habrían más pájaros, quizá serían más vistos que estos, por lo que el pequeño no lo pensó dos veces y se adentro en el bosque en la búsqueda de otras aves, podía escuchar entre los arboles el crujir de ramas y hojas, pero la densidad de de la arboleda no le permitía ver el ave. Pedro caminó algunos pasos en dirección del ruido, pero se sintió asombrado cuando de la espesura comenzó a surgir una niebla,  extraño para sus sentidos esta niebla no era fría, al igual que el ambiente se sentía tibia y se hacía más y mas espesa, a lejos el pequeño logro divisar una silueta opaca entre el vapor, y las ramas secas en el suelo del bosque crepitaban bajo la sombra, que comenzó a aproximarse lentamente, con asombró Pedro vio como se dibujaba la silueta de un ave de plumaje oscuro, que se aproximaba con cautela, ya bastante cerca pudo observar que el ave era bastante grande, de su propio tamaño, amenazante aquel monstruo desplegó las alas elevándose ligeramente del suelo, tal tamaño ostentaba aquel monstruo que Pedro pudo percibir como el movimiento de sus alas desplazaba el aire circundante como un par gigante de abanicos, preso del miedo el pequeño dejo escapar un grito desgarrador- MAMÁ, AUXILIO, AYUDAME MAMÁ - Rosario llegó corriendo a aquel lugar encontrando al pequeño acurrucado en el suelo con su cara clavada entre las manos mientras que las lagrimas brotaban de sus ojos, estaba genuina mente paralizado por el pánico, y se abalanzo sobre su madre llorando con abatimiento.  


* * *

Pedro y Rosario se encontraban ya en la posada, la noche era tórrida, casi insoportable, aún así el pequeño se quedó dormido temprano, la conmoción del ataque del ave lo había dejado sin alientos. No tenía noción de la hora, pero lo despertó el tumulto y los gritos afuera de la habitación. - Espérame aquí un momento - le manifestó Rosario - voy a averiguar que pasa - pasaron varios minutos y el pequeño seguía en la cama esperando a su mamá, el estruendo en la calle lo tenía bastante inquieto, comenzaba a preocuparse pues su mamá no regresaba, así que salio de la cama y fue hasta la puerta de la habitación, ya el alboroto inicial había pasado, sin embargo se escuchaban cotilleos a lo lejos, Pedro colocó cautelosamente su oreja sobre la puerta para escuchar que pasaba afuera, pero la conversación transcurría muy lejos, no entendía nada, así que giró la perilla y  se aventuro a ir  en busca de su mamá, desde el marco de puerta miró a ambos lados del pasillo, las mortecinas luces iluminaban débilmente, no había movimiento alguno en el pasillo, así que el caminó en dirección de las escaleras, cerca del borde de estas escucho el crujir de los tablones de madera, y comenzó a dar pasos en retroceso, un instante después  apareció un hombre subiendo las escaleras.
Hola - saludó amablemente el extraño - Me llamó Adriá, ¿y que haces tu afuera de tu habitación tan tarde en la noche?
Busco a mi mami - Respondió pedro con voz clara - salio a averiguar por que las personas gritaban.
Vamos entonces - replicó Adrian tomando al niño de la mano - iremos a buscar a tu mami
así el niño bajó las escaleras relatandole a aquel caballero sobre su aventura esta tarde, y el ataque de la feroz ave del bosque

Enigma en la Montaña. Día 01: Minerva



Solsticio de Primavera
Día 01: Minerva
Cabaña en el bosque



Muy temprano en la mañana Minerva ha despertado, la oscuridad de la noche comienza a dar paso a la luz del día, hoy es domingo y seguramente Alex sube con algunas compras al igual que todas las semanas. Hoy es el primer día de primavera, sin embargo, de manera poco habitual desde hace un par de días el calor es excesivo, Minerva se levanta de su catre y va al pequeño corral a dar de comer a sus animales de granja, y algunos otros quehaceres cotidianos. Sería la mitad de la mañana en el momento en el que llegó Alex, cada semana el joven le lleva la compra hasta su casa, pues ella se encuentra muy vieja y cansada para la larga caminata hasta el mercado del pueblo vecino, Alex es bastante reservado y habla poco, sin embargo hoy se ha mostrado bastante expresivo:

Sra. Minerva - ha dicho quedamente - en el pueblo los ánimos están caldeados últimamente, varios asuntos enigmáticos han ocurrido desde hace un par de semanas, desde el día que desapareció el muchacho menor de los Martín, desde entonces ha desaparecido ganado de la familia García, Sánchez y Alonso, el calor ha aumentado cada día ya comienza a tornarse insoportable, el nivel del dique esta descendiendo aceleradamente. 
Lo que cuentas no suena muy bien - respondió Minerva al angustiado joven -
En el pueblo todos dicen que eso es producto de brujería, que una bruja esta asolando nuestras tierras - relataba el chico con una mueca de preocupación en su cara - La mayoría están convencidos de ello, Mientras que la familia Martín llora por la desaparición del pequeño Antonio, el padre del crío propone salir a cazar la bruja en el caserío maldito, bien sabemos todos que a los del pueblo no les gusta este pequeño caserío. El cotilleo sobre la bruja ha estado en auge esta mañana, las gentes del pueblo parecían bastante alterados.

Minerva le dio un par de rebanadas de pan y queso al muchacho, y le pidió el favor que antes de marcharse al caserío le trajera un poco de agua del manantial.

* * *

Ya ha transcurrido el día y Minerva ha terminado su trabajo del día, esta primavera es realmente calurosa, por lo que que se encuentra sentada en la pequeña mesa que usa para comer, al tiempo que toma agua de un cuenco para refrescarse, la idea de la bruja ha quedado impregnada en el subconsciente de Minerva, y se ha sentido sugestionada a lo largo del día, algo en el ambiente le inquieta. El cielo se encuentra teñido en un arrebol mientras que el sol emite las últimas luces del día, y los traslucidos rayos se filtran entre el espeso follaje de las ramas de los abetos y cipreses, bañando de manera tenue la choza de madera de Minerva. Entre los arboles resonó el graznar de las aves, en un tono casi ensordecedor, instantáneamente Minerva adoptó una postura rígida, el silenció lleno el ambiente por unos instantes, quizá uno o dos minutos, y luego continuó el alboroto, esta vez ademas del quejido se escuchó también el aleteo, el corazón se le aceleró a la atemorizada anciana, quien instintivamente colocó sus manos cruzadas sobre el pecho, de nuevo un silencio etéreo inundo la cálida estancia, un momento después un canto perturbador hizo eco en la distancia,  Minerva se puso de pie, y dando pasos vacilantes se acercó a la puerta, el eco espectral continuaba resonando en el aire durante el corto trayecto hasta la puerta, la anciana salió de la choza para ver atónita lo que resulto ser un paisaje insólito, una densa calima inundaba el bosque en sombras, unos escasos rayos iluminaban vagamente el ambiente, el vapor danzaba entre los troncos colosales, en las  ramas de los árboles más cercanos  se podían observar unas siluetas grisáceas de unas aves de rapiña de gran tamaño, definitivamente de ellas provenían los chillidos que hacían más intensos a cada instante, un escalofrío recorrió su espalda en ese momento,  las aves silenciaron su perturbador canto, como si estuvieran conscientes de ser observadas por alguien, lentamente giraron su cabeza en dirección a la entrada de la casa,  Minerva trastabilló al regresar al interior de la choza cerrando tras ella la puerta que luego atrancó con un pedazo de madera.


* * *

La noche es absurdamente calurosa, igualmente como lo fue el día, la vieja ha vivido sola en una pequeña cabaña internada en los bosques durante toda su vida, salvo algún inusual encuentro lobos salvajes nunca ha sentido miedo, sin embargo hoy le llena un inusual desasosiego, quizá ya no tiene la salud que ostentaba otrora y el sofoco le afecta desmedidamente, tal vez se ha sentido sugestionada por las historias que contó Alex esta mañana. Intento comer un poco antes de ir a la cama, pero no pudo tragar bocado alguno, ella se sentía realmente fatigada sin embargo el calor no le permitía conciliar el sueño, profusas gotas de sudor se derraman por su frente y una y otra vez al cerrar los ojos volvían a su mente los recuerdos de los enormes buitres. Pasaron algunas horas desde que cayó la noche, la luna casi llena brillaba ya en lo alto del cielo, su luz azul atravesaba los tablones entreabiertos de las ventanas, bañando con un encanto mágico las oscuras siluetas en el interior de la cabaña, sombras intermitentes comenzaron a eclipsar las ventanas en un parpadear intermitente, la completa calma de la noche fue interrumpida por el revolotear de aves, los sonidos indicaban que sus largas alas golpeaban los arboles mientras se desplazaban por el bosque, sus chillidos eran perturbadores. Minerva se exalto en su catre, se aceleraron inmediatamente las pulsaciones de su corazón y sus ojos se abrieron ampliamente, la expresión de su rostro tenso denotaba terror, habían regresado las colosales rapaces de esta tarde, al aleteo y chillido de las aves se mantuvo durante algunos inquietantes minutos, posterior a esto unos breves instantes de calma, que lentamente fue cambiando con un extraño crujido de la madera de la cabaña, un ruido semejante al que haría una fiera arañando los troncos que conforman la pared, los rasguños avanzaban lentamente por todo el contorno de la propiedad hasta llegar a la puerta, la criatura que arañaba la casa comenzó a golpear la puerta con fuerza, en aquel punto Minerva estaba ya paralizada del miedo, su corazón palpitaba turbado y no podía moverse de donde se encontraba sentada, la cantidad de sudor se hacía mayor a cada instante. 

Finalmente todo aquello inexplicable cesó, y la quietud volvió al bosque, sin embargo ya no podía quedarse dormida, nada de lo que había ocurrido tenía una explicación natural, por lo que permaneció despierta casi toda la noche.