Día 01: Pedro
Calles del pueblo
Pedro Casal corría eufórico por las estrechas callejuelas en dirección de la plaza, sus ojos brillaban con deslumbramiento ante la multitud de colores y la desbordante vida en las calles de aquel pequeño pueblo, el pequeño repetía inquieto - Date prisa mamá! - descubría un nuevo mundo en cada paso, llegarían hasta la plaza de la iglesia, cerca de la entrada del pueblo alguien le había indicado a su mamá que encontraría en aquella plaza un restaurante con unos increíbles platos, así continuó el pequeño con sonoras carreras sobre las calles de piedra, absorto en las flores en balcones y ventanas.
Al llegar al restaurante Pedro y Rosario se sentaron en una mesa cerca a la entrada, aquel lugar era un poco oscuro, y el clima estaba bastante fresco comparado con el sol increíble que hacía afuera.
Yo quiero comer sopa - Indicó Pedro a su madre con ojos dulces y suplicantes -
Por supuesto cariño - replicó Rosario - lo que quiera el hombrecito de mamá
Una vez servido el almuerzo ambos comenzaron a degustar aquella deliciosa sopa, compuesta por garbanzos, verduras varias, pollo y una albóndiga alargada, realmente era un placer al paladar. Su madre le escuchaba con esmero, mientras que el chiquillo hablaba sin parar, su risa alegraba la conversación, o mejor dicho el monologo que el pequeño sostenía con su madre. Aquel era un antiguo edificio de madera, el joven que les atendió les indicó que en el primer piso se funcionaba el restaurante, y en los pisos superiores se encontraban las habitaciones de la posada, si necesitaban una habitación con gusto se las mostraría.
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Esa misma tarde Rosario llevó al pequeño a un parque de aves que se encontraba en los limites del pueblo con el bosque, en el camino fueron adelantados por un hombre con cara muy seria y una barba rala y negra, llevaba unos pantalones marrones y unas pesadas botas negras algo manchadas de barro.
-Buenas tardes - musitó el extraño al pasar por su lado, entre los dientes y sin abrir completamente la boca- a lo que Pedro respondió con gran entusiasmo - Buenas tardes señor - rápidamente el extraño se alejo tomando un sendero que se perdía entre las montañas, unos instantes después un hombre mayor descendía por este mismo sendero acompañado de un perro y su rebaño de ovejas, El joven pedro se entusiasmo al ver todas aquellas ovejas y corrió a acariciarlas, finalmente y un par de metros más adelante, habían llegado al aviario, este sitio estaba constituido por unos rudimentarios senderos y un tosco puente de madera que atravesaba un pequeño estanque artificial, algunas plantas y flores decoraban el lugar, mientras que el musgo y la maleza crecía entre las comisuras del empedrado, todo rodeando un par de aviarios que alojaban varias aves endémicas, muchas de ellas bastantes coloridas, su mamá se sentó en un banco para descansar en las sombras, mientras que el pequeño incansable se precipitaba de un lugar a otro viendo las aves, estaba fascinado, en un instante le pareció escuchar el distante ruido de las alas de un ave al emprender vuelo en el bosque, quizá allí habrían más pájaros, quizá serían más vistos que estos, por lo que el pequeño no lo pensó dos veces y se adentro en el bosque en la búsqueda de otras aves, podía escuchar entre los arboles el crujir de ramas y hojas, pero la densidad de de la arboleda no le permitía ver el ave. Pedro caminó algunos pasos en dirección del ruido, pero se sintió asombrado cuando de la espesura comenzó a surgir una niebla, extraño para sus sentidos esta niebla no era fría, al igual que el ambiente se sentía tibia y se hacía más y mas espesa, a lejos el pequeño logro divisar una silueta opaca entre el vapor, y las ramas secas en el suelo del bosque crepitaban bajo la sombra, que comenzó a aproximarse lentamente, con asombró Pedro vio como se dibujaba la silueta de un ave de plumaje oscuro, que se aproximaba con cautela, ya bastante cerca pudo observar que el ave era bastante grande, de su propio tamaño, amenazante aquel monstruo desplegó las alas elevándose ligeramente del suelo, tal tamaño ostentaba aquel monstruo que Pedro pudo percibir como el movimiento de sus alas desplazaba el aire circundante como un par gigante de abanicos, preso del miedo el pequeño dejo escapar un grito desgarrador- MAMÁ, AUXILIO, AYUDAME MAMÁ - Rosario llegó corriendo a aquel lugar encontrando al pequeño acurrucado en el suelo con su cara clavada entre las manos mientras que las lagrimas brotaban de sus ojos, estaba genuina mente paralizado por el pánico, y se abalanzo sobre su madre llorando con abatimiento.
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Pedro y Rosario se encontraban ya en la posada, la noche era tórrida, casi insoportable, aún así el pequeño se quedó dormido temprano, la conmoción del ataque del ave lo había dejado sin alientos. No tenía noción de la hora, pero lo despertó el tumulto y los gritos afuera de la habitación. - Espérame aquí un momento - le manifestó Rosario - voy a averiguar que pasa - pasaron varios minutos y el pequeño seguía en la cama esperando a su mamá, el estruendo en la calle lo tenía bastante inquieto, comenzaba a preocuparse pues su mamá no regresaba, así que salio de la cama y fue hasta la puerta de la habitación, ya el alboroto inicial había pasado, sin embargo se escuchaban cotilleos a lo lejos, Pedro colocó cautelosamente su oreja sobre la puerta para escuchar que pasaba afuera, pero la conversación transcurría muy lejos, no entendía nada, así que giró la perilla y se aventuro a ir en busca de su mamá, desde el marco de puerta miró a ambos lados del pasillo, las mortecinas luces iluminaban débilmente, no había movimiento alguno en el pasillo, así que el caminó en dirección de las escaleras, cerca del borde de estas escucho el crujir de los tablones de madera, y comenzó a dar pasos en retroceso, un instante después apareció un hombre subiendo las escaleras.
Hola - saludó amablemente el extraño - Me llamó Adriá, ¿y que haces tu afuera de tu habitación tan tarde en la noche?
Busco a mi mami - Respondió pedro con voz clara - salio a averiguar por que las personas gritaban.
Vamos entonces - replicó Adrian tomando al niño de la mano - iremos a buscar a tu mami
así el niño bajó las escaleras relatandole a aquel caballero sobre su aventura esta tarde, y el ataque de la feroz ave del bosque